LEYENDAS, TRADICIONES Y COSTUMBRES DE HUANTA
“La Mitología, Tradiciones y Costumbres de Huanta" es la imagen auténtica del poblador andino de Huanta, que nos transporta a través del tiempo y del espacio y nos hace partícipes de sus vivencias, de sus emociones y de sus creencias.

RAZZU WILLKA Y WAMAN TIKA
huamantika.jpg
Leyenda de Huanta, Provincia de Huanta. Recopilada por Saturnino Ayala Aponte.Epoca inca versión libre.
El Templo Inka Raqay donde las más bellas cuzqueñas adoraban al dios Sol se ubicaba en Huanta y entre todas las ñustas destacaba por su gracia Waman Tika que ese día se hallaba junto a Ccoyllur, la mamakuna que cuidaba a las ñustas, preparando chicha para la ceremonia sagrada, pero al faltar unos ingredientes, sale la joven del templo y se dirige hasta las orillas del río Cachi para recoger llantén y pinco pinco.
¡Qué día más caluroso nos has regalado hoy padre Sol! Tu servidora Waman Tika, flor de águila, te lo agradece, dice alzando sus manos al cielo.
Buscando llantén llega hasta un remanso del río, donde ve reflejada su imagen en las tranquilas aguas que semejaba un gran espejo. Se agacha y aupando entre sus manos toma un sorbo del cristalino líquido y extasiada dice: ¡Hum, qué fresquita está tu aguita, gracias río Cachi! Y moja su rostro sofocado por el brillo de su padre, el sol.

Al sentir la sensación de frescura se siente tentada de bañarse, no recuerda las palabras y consejos de la mamakuna Ccoyllur, ella había dicho a todas las ñustas: “Ustedes, son las hijas del sol, jamás deben mostrarse ante ningún mortal, menos mostrar su cuerpo, el día que una de ustedes lo haga, será expulsada de Inka Rajay. ¡Cuidadito entonces!”.
Waman Tika no se resiste más mira a todos lados y creyéndose sola dice: ¡Aprovecharé para darme un baño!, cantando una hermosa melodía, se quita su ropa, quedando en camisón y se mete en las aguas límpidas del río Cachi.
Pobre inocente, no podía imaginarse de las consecuencias de tal osadía, porque no tan lejos de allí, oculto tras un árbol se hallaba el poderoso jefe huantino Razu Willka, miraba embelesado la belleza de la ñusta.
Razu Willka era respetuoso con los incas pero siempre había mantenido una actitud inconforme y desafiante frente a los incas y hasta los odiaba, cuando recordaba que los mejores guerreros habían muerto en Ayahuarcuna y Quinua cuando fueron conquistados por los incas a sangre y fuego, les habían arrebatado las mejores tierras del valle y los obligaban a vivir en las punas y habían reemplazado al su dios Wamán por el dios Sol en Vilcas. Pero los incas repetaron a los jefes huantinos y le dieron libertad de tránsito.
Razu Willca aprovechando que podía ir donde quisiera estaba desde hace tiempo rondando el Templo y un día había visto a Waman Tika, y desde ese día quedó prendado de ella; él no considero que todo varón estaba prohibido mirar a las ñustas sagradas del Sol bajo pena de muerte. Esa mañana la había visto salir y la siguió.

Bien pues, La inocente Waman Tika distraída se bañaba en el remanso y de pronto sintió una mirada perturbadora, levanta la mirada y descubre que un hombre la miraba, asustada se cubre con sus manos diciendo: ¡Oh, no… alguien me ha descubierto!...
Desesperada mira al cielo y clama: ¡Padre Sol, cúbreme de las miradas impropias de los hombres! Corriendo sale de las aguas hasta donde esta sus ropas.
El dios Sol le envía con la diosa Pachamama un velo blanco de nube que la cubre toda, pero solo por un instante, porque Razu Willka, saliendo de su escondite, sopla con fuerza para que se le caiga el velo de nube que cubría el cuerpo de la ñusta.
Admirando la belleza de la joven cuzqueña, el atrevido apu huantino, entre emocionado y soberbio le dice: ¡Adorable hija del Sol! ¡Waman Tika esplendorosa!.. Permite que este humilde enamorado contemple tu belleza sin par.
Sin hacer caso de las palabras del valeroso huantino, Waman Tika trata de coger su ropa para cubrirse, buscando ayuda de la diosa Pachamama, dice: ¡Pachamama, diosa bienhechora! ¡Ayuda a salvar mi pureza!
La diosa, para proteger a la bella ñusta, coloca una frondosa rama delante del impetuoso Razu Willca. Así, le da tiempo a Waman Tika, que presurosa se viste mientras lloraba desesperada.

La diosa Pachamama, molesta, le dice al atrevido Razu Willka: ¡Márchate Apu Razu Willka! ¡Has labrado la desgracia de Waman Tika con tus indiscretas miradas!. Razu Willka indolente le da la espalda y se va.
Coyllur, desde lo alto del templo había visto toda la escena y estaba muy indignada por el descuido de Waman Tika que había provocado esa enojosa situación. Por eso, viéndola venir baja y sale a las puertas del templo, donde detiene a la joven, diciéndole: ¡No tienes nada que contarme Waman Tika! Lo he visto todo. Me horroriza lo que has hecho.

Molesta le dice: ¿De qué te sirvieron mis consejos? Tu necedad permitió que un hombre, el Curaca Razu Willka, te haya mirado casi sin ropas. Por ello ¡ya no puedes ingresar al templo de nuestro padre sol.
Mirándola con desprecio arguye: ¡Has sido profanada! ¡Aquí, ya no hay lugar para ti! Ahora ve y cuida de tu destino. Diciendo esto, Coyllur, cierra las puertas del templo en la cara de Waman Tika que cae de rodillas llorando su desgracia, las lágrimas que caían a raudales se iban convirtiendo en rocas cristalizadas y el Valle volvìase un roquedal.
Dándose cuenta del mal que causaba, Waman Tika invoca a Pachamama diciendo: Pachamama, madre bendita, que mis lágrimas no dañen este lugar sino que sirvan para regarlo, y que este valle siempre conserve su verdor.

Rauraq, amigo de Razu Willka que había observado toda la escena, presuroso va en busca del apu y le cuenta lo sucedido.

Razu Willca se dirige hasta donde está Waman Tika decidido a pedirle que sea su esposa, al llegar allí, ve a la ñusta arrodillada, se acerca a ella e intenta cogerla del brazo para levantarla; entonces un trueno retumba en el lugar y se ve la luz de un relámpago.
La diosa Pachamama había impedido que Razu Willka toque a Waman Tika, detiene la acción del huantino cubriéndolo con una manta y le dice:
¡Alto Razu Willka! ¡No puedes tocar a una Virgen del Sol! Es voluntad del dios Sol que te conviertas en majestuoso nevado, protector de estas comarcas y como no obraste por maldad sino por amor, el padre Sol te concede el consuelo de que tus lágrimas se unan a la de tu amada Waman Tika en este bello vergel, destinado a ser la “Esmeralda de los Andes”

Y así Razu Willka y Waman Tika fueron castigados por no cumplir las leyes sagradas del dios Sol, pero debido al amor que el huantino sentía por la bella cuzqueña, juntó sus lágrimas con las de la joven para siempre en el bello valle de Huanta..

¿Quélecciones sacamos de esta leyenda?

PRIMERO:
Cuando tengas un deber que cumplir, no te distraigas en el camino.
Tal como hizo Waman Tika cuando decide bañarse dejando la labor de recoger las plantas de llantén y pinco pinco.

Segundo
Piensa en las consecuencias antes de tomar una decisión, sino te acarreará desgracias.
Tal como le pasó a Waman Tika cuando no pensó en las consecuencias de tomar un baño fuera del templo pues era prohibido por las leyes sagradas de los incas.
Tercero
Aunque el corazón se te desgarre, cumple con tus obligaciones.
Es lo que hizo la mamacuna Ccoyllur sin tener más contemplaciones con Waman Tika..
Cuarto
Si amas no debes ser imprudente, puedes dañar al ser que amas.
Tal como pasó con Razu Willka que por imprudente perdió a la casta Waman Tika que estaba prohibida para los ojos de los hombres.

El Toro encantado

toroencantado.jpg

Rasuhuillca es una laguna situada a unos quince kilómetros de la población de Huanta. Está en medio de otras tres lagunas que la rodean, pero Rasuhuillca es la mas grande, por lo tanto la principal. La laguna está en la cima de un cerro que domina la entrada del pueblo, por eso se ha construido en ella una represa que suministra de agua para el regadío, y para el consumo del pueblo.

La tradición huantina dice que dentro de ésta laguna se encuentra un toro negro hermoso y corpulento, sujeto con una cadena de oro cuyo extremo guarda una anciana de cabellos canos. Hace muchos años, el toro logro vencer a la anciana y salió a la superficie; e inmediatamente las aguas de la laguna se embravecieron y rompieron los diques con grandes oleajes, inundaron el pueblo, arrasaron toda la población produciendo grandes estragos; entonces, los indios de la altura, al darse cuenta de esto, procedieron rápidamente a echar lazo al toro y lo hundieron nuevamente. Desde aquel día la gente teme que otra vez el toro pueda escaparse y la laguna inunde la floreciente ciudad de Huanta.


CCOTOPICHI
ccotopiii.jpg
Es una esfigie de piedra mandado a elaborar por un agricultor de la selva de Choymacota, luego de verse de la noche a la mañana en uno de sus viajes en conflicto por cuestión de polleras con el cura de Cahuahuràn quien fue acusado ante la curia eclesiástica de ayacucho con resultados desfavorables para el goloso párroco, que fue deportado por el obispo al último curato de la lejana provincia de Parinacochas en castigo por haberse metido a cosas de hombres con pantalones. La sanción no fue del agrado completo del ofendido agricultor, por lo que resolvió lapidarlo por su cuenta, investigó los antecedentes de desméritos personales del cura, enterándose que había tenido el apodo de “Ccotopichi” este fue el motivo que le sirvió al montañés para mandar fabricar con un hábil picapedrero el busto con “Ccoto” (bocio)y bonete el que mandó colocar en la parte alta de la esquina de su casa, formada por las esquinas Jr. Ayacucho y Sucre frente al Convento de los Padres Redentoristas.

EL OBISPO DE PIEDRA Santiago Ophelan:
ccotopichi.jpg
Es una columna monolìtica de 2.40 mts. de altura que termina en una cabeza extravagante de un hombre con mitra episcopaly la lengua afuera, la efigie representa al XXV Obispo de Ayacucho Dr. Santiago J. Ophelan quien por los años de 1848 – 1849 excomulgó al agricultor huantino don Remigio Jáuregui, personaje que en 1839 figuró como diputado en el Congreso de Huancayo, por el solo hecho de haber escalado una noche el Monasterio de las Clarisas de Ayacucho y robarse a Sor Manolita Galván. Por dicha excomunión y en represalia para ridiculizar al Prelado y al desacreditado castigo medieval, don Andrés Arias, amigo y correligionario de Jáuregui que llegó a ser Subprefecto de la provincia de Huanta en 1851 mandó a fabricar y colocar dicha estatua original entre las esquinas de los Jirones Ayacucho y Còrdova, que da al Parque Central.